Hace ya algún tiempo tuve una visita muy especial de
la señora Joan
Lindsay, autora de Picnic en Hanging Rock. Si tuviera que
calificar nuestra tarde en el Lapin Agile con una sola palabra, sin duda, sería
“inquietante”.
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Joan Lindsay |
Joan Lindsay, a través de su calmada voz, me
transporta a Australia, muchos años atrás, hasta 1900, a una calurosa mañana
del 14 de febrero. El entorno no podría ser más evocador, un típico colegio inglés para señoritas dirigido
por la señora Appleyard, cuya disciplina inglesa y rectitud victoriana se harán
notar desde el primer momento.
Gracias a la autora, la alegría de esa mañana de
domingo me va transmitiendo las ganas de salir con las chicas del colegio
Appleyard a tomar un Picnic en el campo, cerca de Hanging Rock, para pasar el
día de San Valentín. Todas vamos con vestidos de muselina, sombreros y cestas
de mimbre donde transportamos la comida.
Cuando llegamos, Joan Lindsay y yo, nos sentamos un
poco apartadas del grupo para que me pueda contar todos los pormenores de
las familias de las señoritas, las profesoras y, por supuesto, de la directora.
Tras el té de mediodía, cuando estábamos descansando
en la hierba y parecía que el hermoso día llegaba a su fin, escuchamos un grito
desgarrado. Edith Horton, que había ido a pasear cerca de la Roca junto a otras
alumnas (Miranda, Irma Leopold y Marion Quade), estalla en llantos y
desesperados gritos. Las otras chicas han desaparecido y ella no recuerda
absolutamente nada de lo que ha pasado. La señora McCraw, profesora de
matemáticas, rápidamente sale en búsqueda de las tres estudiantes
desaparecidas, corriendo ella el mismo intrigante destino.
La señorita Poitiers, profesora de francés, decide
que deben regresar al colegio al caer la noche para avisar a la directora y a
la policía de los acontecimientos vividos ese día y que comiencen las investigaciones y las batidas, para dar con el paradero de las cuatro féminas. A partir de ese momento, las
intrigas, las apariencias, los secretos,
las ambiciones, los malentendidos y los rumores en el pueblo se van
atropellando para dar lugar a una historia tremendamente absorbente.
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Miranda, Irma, Edith y Marion |
¿Qué misterio guarda esa imponente Roca? ¿Por qué
nadie escuchó gritar a las chicas? ¿Por qué Edith no es capaz de recordar nada
de lo sucedido? Todas esas preguntas se arremolinaban en mi mente
mientras la autora seguía relatándome el argumento (un argumento del que no
puedo contaros nada más para no estropearlo).
Con las tazas ya vacías y la noche muriendo calle
abajo del Lapin, Joan Lindsay se dispone a marcharse.
- ¿Qué hay de
cierto en toda esta historia de Hanging Rock?- le pregunto.
- Si la
historia fueron hechos reales o inventados, ya no importa- me dice- pues los sucesos tuvieron lugar en 1900 y
todas las personas que aparecen estarían ya muertas.
Y tras esas rotundas palabras, se va y me deja
sentada en mi mesa, como a tantos otros ha dejado, sin revelar si la historia
de Picnic en Hanging Rock fue real o no.
El libro me lo recomendó hace ya un
tiempo una amiga, pero no fue hasta la pasada Feria del Libro cuando pude
hacerme con él, regalo de mi santo padre. Las fotos son todas de Internet y pertenecen a una película que se hizo sobre esta obra de culto australiana.