A lo largo de los años, muchos han sido los gobernantes que han tenido a su lado personas de
confianza que, por unas razones u otras, también han pasado a formar parte de
la Historia de la humanidad: Richeliue, los validos de los Austrias, etc. Aunque,
como veremos, en la Antigua Roma, los “favoritos” tenían un papel más allá de
lo esencialmente político.
El emperador itálico, a
diferencia de su antecesor, renunció a proseguir las conquistas del Imperio
Romano y se limitó a conservar los territorios obtenidos. Esto le dio la
oportunidad de dedicarse a otras aficiones como la arquitectura, escribir y
viajar por su Imperio. Adriano fue un gran admirador de la cultura helénica,
tanto es así, que se ganó el mote de “grieguecillo” y fue muy criticado por
dicha conducta.
En uno de estos viajes
por Egipto conocería a su amado Antínoo, en el año 124. Por aquel entonces, el
bitinio era sólo un joven de unos trece o catorce años. Desde ese momento, le
acompañará en sus viajes, durante un período de seis años, hasta que el chico encuentre
la muerte en el Nilo (130).
| Museo de Delfos |
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| Como Osiris en el Vaticano |
Sea como fuera, lo
cierto y verdad es que tras el fallecimiento de Antínoo, el emperador no
escondió el gran amor que sentía por éste. En la civilización romana, seguían existiendo las
relaciones entre personas del mismo sexo. Sin embargo, no estaba tan aceptado
como en Grecia. Pero esto no cohibió a Adriano, quien exhibió su dolor por toda
Roma, fundó una ciudad en honor a su amado (llamada Antinopolis) y lo deificó,
consiguiendo que se le rindiera culto. Esto último fue muy criticado por el
Senado Romano, ya que sólo el emperador y su familia tenían esos honores.
Algunas fuentes hablan de su exagerado luto (“lloraba como una mujer viuda”, se decía en Roma), pero al emperador
poco le importaba. Finalmente, Adriano caerá enfermo y, a causa de las malas relaciones
con el Senado, se retiró a vivir a sus villas, lejos de la capital. Primero a la Villa
Adriana (en Tívoli) y luego a su Villa de Bayas, donde le llegó la muerte.
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| Adriano llora la muerte de Antínoo, Pinelli. |
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| Como Sumo Pontífice, Louvre. |
Como vestigios de este amor, nos han quedado las numerosas estatuas de Antínoo que se repartieron por todo el Imperio, para que todos los ciudadanos romanos pudieran rendirle culto. En casi todos los grandes museos que he estado (British Museum, Louvre, el Capitolino, el museo de Delfos…), contaban con una escultura del joven. Así que nos podemos hacer una idea de la cuantía de copias que se realizaron. Algunos hablan de centenares. Además, en su mayoría están esculpidas para representarlo según el canon griego y así resaltar la dulzura de sus rasgos.
En el primer post de mi
blog, os comenté que, no sólo hablaría de libros, sino también de Historia. He
intentado hacerlo lo más liviano posible, para no convertir la entrada en una
página de enciclopedia. Espero haberlo hecho ameno e interesante. Mirando entre
mis libros, he encontrado en un artículo de la revista Historia que la mujer de
Adriano, Sabina, podría haber tenido también una relación pareja con la poetisa
Julia Balbila (aunque de esto tendré que investigar algo más, porque hasta hoy
no conocía esta relación, sólo sabía que eran amigas y que escribió algunos versos
para Adriano).
Si queréis saber más, os
recomiendo el libro Adriano Augusto.
Está formado por varias conferencias de diferentes profesores universitarios
expertos en la materia. Yo aún no he leído “Memorias de Adriano”, si alguien la
ha leído, ¿podría darme su opinión? Y ya que estoy con las recomendaciones… si
tenéis oportunidad, visitad la villa del emperador en Tívoli, a unos 20 km de
Roma, es fantástica.
Las fotos son todas
mías (me acabo de dar cuenta que parezco una “grupi” de Antínoo), excepto la de
Pinelli, que está cogida de internet ¡Feliz fin de semana!



