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jueves, 30 de mayo de 2013

El día que huí de una cita...



Empecé entusiasmada con la cita que estaba a punto de tener. Lo que no sabía es que acabaría de este modo.

Había preparado un picnic en un parque cercano al Lapin. Sabía cuál sería una de sus comidas favoritas, así que no dudé en llevarme toda la mañana cocinando un rico pastel de patatas, queso y cebolla.

¡No os podeis imaginar lo rico que estaba!

Y, mientras estaba colocando y descolocando los cubiertos una y otra vez, apareció George R. R. Martin con su cuarta novela de la saga Canción de Hielo y Fuego, “Festín de Cuervos”, debajo del brazo.

Le conté que el primer libro lo había devorado el verano pasado, tendida en el césped de la piscina, en la toalla a la orilla del mar, en el sofá a la hora de la siesta, en la cama antes de dormir… Me encandiló el estilo tan novedoso (viene dividido en capítulos en el que cada uno se habla de la historia de un personaje) y me encariñé tanto con algunos de los protagonistas, que siempre quería adentrarme más y más en esos lejanos reinos. 


Llegó el momento de conversar sobre el segundo libro. Quise confesarle a Martin que me pareció que contenía una violencia excesiva, brutal y, la mayoría de las veces, gratuita. Sin embargo, supuse que él ya lo sabía, al fin y al cabo era el autor, así que me lo callé. 


Él seguía bebiendo sorbos del vino especiado, mientras, yo le animaba volviendo a alabar su creatividad en el tercero de los pasajes, “Tormenta de Espadas”. Aquí el ritmo de las diferentes historias comienza a despegar, la violencia ya no es tan desgarradora como en el segundo (al menos, a mí me lo pareció);  la curiosidad, que se había apagado durante la segunda novela, vuelve a despertarse y me quedo más que satisfecha tras su lectura. Y esta satisfacción fue lo que hizo que le pidiera a G. R. R. Martin que viniese con su cuarta novela.

 Sin embargo, pronto me arrepentiría de mi deseo. Allí estaba el autor americano que, por su manera de hablar, yo hubiese jurado que era galés. Que no me malinterpreten los galeses, ni los filólogos, ni los eruditos del tema… no es que yo sea ninguna experta en acentos ingleses. Mi conocimiento del galés se resume a una noche en un pub de un pueblo irlandés, donde un chico de Gales nos contaba no sé qué historia de su región con una exagerada lentitud en la articulación de las palabras. Ya no sé si eso era el acento galés o era que en las venas del chaval había más proporción de Budweiser que de sangre. En cualquier caso, en mi cerebro, el galés es “hablar balleno pero con palabras inglesas”  (los que hayan visto la película de Disney “Buscando a Nemo“ me entenderán) . Pues eso mismo es lo que pienso cuando veo a Martin contarme la historia de Festín de Cuervos, que se prolonga de una manera desagradable, que se estanca, que la acción es inexistente, que aparecen personajes de debajo de las piedras…
 


Esta saga está considerada como una “novela río”, es decir, una obra con un argumento principal que se alimenta de otras historias que confluyen y desembocan en dicha trama principal. Bien, pues para mí, se estaba convirtiendo en una “novela los siete mares y todos los pantanos con sus presas abiertas”. Las palabras del de Nueva Jersey se alargaban hasta decir basta y, a medida que iba contando más historias, mi mente, por más que lo intentara, ya no recordaba a qué casa pertenecía cada personaje, qué había hecho éste en los libros anteriores, de dónde venía el rencor…  No entendía nada.

G.R.R. Martin

Así que le pedí que se sirviera otro trozo de pastel de patatas y mientras lo cortaba, espaldas a mí, salí huyendo. Sí, corrí como si no hubiera un mañana, entré en el Lapin, casi sin aliento, cerré de un portazo y atranqué la puerta con una silla, por si le ocurría volver a buscarme.


Sé que volveré a retomarla algún día porque le he cogido cariño a alguno de los protagonistas, pero es que hay otros personajes que son infumables. ¿Sabéis esos libros en los que dices “es que me pongo y no sé cuándo parar”? Pues en éste no pasa. Cada vez que llegas a un capítulo de Daenerys Targaryen sabes que es la hora de irte a dormir.

A pesar de lo dicho anteriormente, hay personajes que merecen mucho la pena y a los que seguiría hasta el fin del mundo. Así que yo os animo a leer la saga, eso sí,  al ritmo que cada uno pueda llevar. Lo malo de dejarla aparcada, como voy a hacer yo, es que cuando vuelva a ella, seguramente, se me habrán olvidado muchas cosas, pero estoy dispuesta a correr el riesgo. Es que es la única solución que encuentro para no aborrecerla. Bueno, también está la de arrancarle las hojas de los capítulos de los personajes que no me gustan, pero como lo tengo en formato ebook, esa opción es inviable.
¡Espero no haberos echado muy para atrás con los comentarios! Si no os convence, también tenéis la serie, aunque no puedo opinar sobre ésta porque sólo he visto el primer capítulo (y prefiero el libro).

He de decir que la entrada la escribí hace un par de semanas y he retomado la lectura. Así que os informo, haciendo honor a la verdad, de que a partir de la página ¡500! toma más interés la historia jajajaja Ahora bien... ¡Coraje hasta entonces! 
El libro que aparece en la primera foto con el pastel se lo regalé a Heavy-Chef para Navidades. Es una obra con muchas recetas de las numerosas comidas que aparecen a lo largo de toda la saga.