Stella
Gibbons no podía reunirse conmigo en el Lapin Agile pero, de manera muy
generosa, hizo que la protagonista de su libro, Flora Poste, acudiera a mi
cita. Flora procedía de una familia de clase alta, sin embargo tras la muerte
de sus padres, víctimas de la gripe española, descubre que sus rentas no dan
para vivir en la abundancia, por lo que decide irse a vivir con los Starkadder
(ya que no está dispuesta a buscar un trabajo). Éstos son unos familiares
lejanos, algo silvestres y toscos, que viven en Sussex, la Inglaterra rural.
La
señora Gibbons me había advertido que Flora era una chica bien, educada de una manera
exquisita, por lo que yo debía dar una buena imagen para nuestro paseo hasta la
granja de Cold Comfort. Sumida en mi ignorancia protocolaria, había pensado que
para ir a una granja situada en la campiña inglesa, lo mejor sería colocarme
unas botas de agua que me libraran del barro. No obstante parece ser que, a la
señorita Poste, esto no le parecería una indumentaria adecuada. Así que, allí
estaba yo, sentada en mi silla del Lapin, con un vestido de vuelo por debajo de
las rodillas y unos elegantes zapatos de tacón, cuando apareció Flora.
Me
saludó cariñosamente y pusimos rumbo a su nuevo hogar. Nada más bajar del coche
que nos dejó en la puerta de la finca, me percaté de que la granja estaba algo
descuidada, a pesar de estar habitada por un gran número de personas, todos
miembros de la misma familia (el joven primo Seth, Amos, la delicada prima
Elfine, Judith...).
Tanto
Flora como yo nos mostramos algo impactadas ante tal desastre, pero ella estaba
decidida a poner orden en aquel lugar. La hija de Robert Poste me recuerda a
Amélie Poulain, intentando arreglar la vida de los demás, cuando en la suya
tampoco es que haya ningún orden, ni concierto.
![]() |
| Amélie Poulain |
-
El
problema es la vieja tía Ada- nos cuenta el apuesto
Seth- vive encerrada en su cuarto y no
nos deja hacer una vida más allá de las vallas de esta granja. Está loca,
obsesionada con algo sucio que vio en la leñera hace muchos años.
Cuando
Seth se retira para proseguir con sus tareas, Flora me narra sus planes sobre
cómo hará para que cada uno de los miembros de la familia Starkadder pueda
realizarse y ser feliz más allá de aquella granja. Algunas de las sugerencias
que propone no las veo muy factibles, pero hago un acto de fe y confío en su
testarudez para llevar a aquella familia a vivir una auténtica revolución.
La
luz naranja del crepúsculo empieza a verse tras el tejado, aún así Flora no
quiere que nos vayamos sin que antes conozca a un hombre bastante extravagante:
el señor Myburg. Habíamos quedado con él en una pequeña cafetería del pueblo.
-
Tienes
que conocerle, querida- me había dicho Flora- es escritor y realmente esperpéntico.
Y
mientras degustábamos una sustanciosa merienda de té y pasteles, el señor
Myburg no paraba de hablar de sus conocimientos y de sus teorías literarias.
-
Las
hermanas Brontë eran unas borrachas y jamás escribieron nada-
aseveró nuestro amigo.
Yo,
que en ese momento estaba comiendo una pasta de té, comencé a toser presa del
asombro y la conmoción.
-
Te
lo advertí- me susurró Flora mientras se atusaba el pelo.
-
Es
así-
prosiguió él- su hermano era el verdadero
escritor, pero ellas le robaron los manuscritos y la fama, quedando él para la
posteridad como un borracho.
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| las hermanas Brontë |
No
fui capaz de responder nada a esa afirmación. Supongo que él tomó mi silencio
como un apoyo a su grotesca teoría, pues prosiguió hablando de otro tema como
si nada. Afortunadamente, Flora se acercó a él y, con unas palmaditas en la
espalda, despachó al erudito y emprendimos el camino de vuelta al Lapin.
La
realidad es que he pasado una jornada maravillosa con Flora, con momentos
verdaderamente divertidos en esta caricaturesca historia de la sociedad inglesa.
Sin embargo, me despido de ella y me bajo del coche con algunos interrogantes
sin responder.
Espero
que, algún día, Stella Gibbons tenga la amabilidad de pasar por el Lapin Agile
y quiera contarme esos secretos.



