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viernes, 17 de mayo de 2013

HOGWARTS



He tenido tantas discusiones acerca de la saga de Harry Potter que, en ningún caso, voy a hacer un alegato en su defensa en esta entrada. A mí los argumentos de “es que no son buenos porque es literatura para niños” me cansan. Beatrix Potter, Roal Dahl y tantos otros también pertenecen al género de literatura infantil y nadie los cuestiona.  Mi humilde opinión literaria es que a Harry Potter lo único que le falta para ser un clásico de la literatura es tiempo, que transcurra el tiempo necesario para que la gente comience a valorar el mundo mágico que creó Rowling (con más o menos influencias de otros autores, pero ahí está su obra. Para mí, bastante original en los mundos que corren). 



Creo que una autora que ha atraído a millones de pequeños lectores, que se han adentrado en el mundo de la lectura gracias a su mago de once años, como mínimo, se merece el mayor de mis respetos, pues J.K. Rowling ha hecho más por la literatura y por esos niños, de lo que yo podré hacer en ocho o nueve vidas. 

Foto cogida del periódico Abc

Mi historia con Harry Potter comenzó hace unos siete años cuando un amigo me dijo que lo acompañara al cine a ver la quinta película. No había leído nada de la saga y, antes de ir, me quise leer los libros publicados (seis). Y, de un día para otro, me encontré de no saber nada del tal Harry a estar totalmente atrapada en su mundo. Hermione y Ron me cautivaron desde el primer momento, incluso más que el propio protagonista. Pero si hubo algo que me absorbió totalmente fue Hogwarts. Como muchos sabéis, a mí un colegio me puede… (Dime que cualquier historia transcurre en un colegio antiguo y ya me tienes ganada. Soy carne de secta en ese sentido). Quizás porque pasé mi adolescencia semi-interna, porque los lazos más fuertes de mi vida los hice allí (entre ellos Heavy-chef), porque cada vez que accedía a aquel antiguo palacio episcopal a las nueve de la mañana (a pesar de saber que no saldría hasta las nueve de la noche para ir a dormir a casa) yo me sentía feliz (y mira que los primeros días lloraba como una descosida)… Y, cuando “entré” en Hogwarts, para mí fue como volver al colegio, las risas por los pasillos, el hacer la vida con tu nueva familia, tus amigos, desayunar, comer, merendar juntos, sentirte segura entre ellos…  Me hizo revivir muchos momentos.



                                

Supongo que como toda lectura, con Harry Potter, tienes que conectar y yo no es que lo hiciera, es que me quedé pegada con los dos dedos metidos en su enchufe. Y he aquí la prueba jaja Espero que disfrutéis de la visita, tanto si sois seguidores de los personajes de Rowling como si no, yo lo hice como una enana.
Entrada a los Estudios

 
Hall


Habitación Harry (es de las cosas que más ternura me despiertan del libro)

Gran Comedor. Ay...
 
Esperando a que se vayan estos Muggles y me sirvan la cena

Los profesores















Sala común de Gryffindor



El Espejo de Oesed







Clase de Pociones



Los Gemelos en la Madriguera

Casa de los Black

Autbús nocturno
Coche de los Weasley


En la moto de Hagrid
Tomamos cerveza de mantequilla, mmmm...

Paseamos por el Puente de Hogwarts

Saludamos a Dobby

Fuimos al Callejón Diagón

A la tienda de los Weasley

A Olivanders

Las varitas nos eligieron...

Y las tuvimos que comprar...

Y me despido de Hogwarts con un ¡Hasta Pronto!



Además de la varita, en mi bolsa se coló (regalo de Heavy-Chef, al igual que la varita) un ejemplar de Los Cuentos de Beedle El Bardo. Por fin podré conocer la historia de Babyty Rabity de la que hablaba Ron en el séptimo libro/película.

 
Espero que os haya gustado la última entrada de mi viaje, un capricho que nos quisimos dar. Las fotos de interior salen regular, pero es cosa de la cámara. Y no penséis que soy una rara porque tenga una varita, luego soy una persona normal.

viernes, 14 de diciembre de 2012

Con Beatrix Potter en Adviento...



Hace unos días que llegó el Adviento y este año me he dado cuenta de que es mi época preferida del año. Creo que es cuando estoy más ilusionada e inquieta, deseando que llegue la Navidad. A pesar del frío, los paseos son preciosos y las luces parece que iluminan hasta los pechos más pétreos y todo el mundo parece estar de mejor humor, y aunque esas buenas intenciones sólo duren un mes, a mí me vale. 

 
En uno de esos paseos por la ciudad compré el té de Navidad y en cuanto llegué al Lapin me puse a prepararme una taza ¡está riquísimo! Estaba de buen humor, sin motivo aparente, y quería compartirlo con alguien; así que decidí realizar un viaje hasta el Distrito de los Lagos, al noroeste de Inglaterra, para hacerle una visita a Beatrix Potter.


Cuando puse los pies en el suelo, la brisa me trajo el olor de la campiña inglesa y de la hierba mojada. Me froté las manos para entrar en calor y, de repente, allí estaba ella esperándome en la puerta de su granja Hill Top. 


Desprende vitalidad y la fortaleza de alguien que se ha enfrentado a su tiempo. No es la chica de la alta sociedad victoriana que se esperaba que fuese. 

Entramos y, rápidamente, estábamos sentadas en sendas butacas junto a la chimenea. Mientras prepara un té, yo me quedo embelesada con el crepitar del fuego. 
-          Pronto, empezarán a llegar- me dice.
-          ¿Quiénes?- preguntó.


Pero no hace falta que responda, como por arte de magia, el conejo Perico y sus hermanas hacen aparición y se colocan delante de las llamas para calentar sus cuerpos peludos.



-          Perico es el primer compañero cuyo cuento pude publicar. Recorrí todas las calles de Londres buscando un editor, hasta que Norman se ofreció a publicarlo. Le pedí que fuese de formato pequeño para abaratar costes y que la gente pudiese comprarlo por sólo cinco peniques- narra.
Perico (o Peter Rabbit)

Se detiene para sorber algo de té. Sus ojos han dejado transmitir un halo de tristeza cuando ha pronunciado el nombre de Norman Warne. Con treinta y cinco años, se había comprometido con él, contrariamente al deseo de sus padres que no querían que se casara con alguien que tuviera que trabajar para ganarse la vida. Sin embargo, la tragedia se cebó con ambos y el joven murió a causa de una enfermedad. 



-          Mira, Norman, realizó esa casa de muñecas para su sobrina y yo la dibujé para la historia de mis ratoncitos Tom Pulgar y Hunca Munca- me dijo, señalando la casita.





Cuando Norman desaparece,  Beatrix Potter ya ha generado suficiente dinero con sus ilustraciones como para cumplir su sueño de comprarse una granja y retirarse al campo, lejos de la bulliciosa ciudad. Es aquí, en el distrito de los Lagos, donde Beatrix recuperará la felicidad. 

-          Ella es Carlota- anuncia cuando aparece una presumida oca con sombrero azul, para acomodarse delante de nuestros sillones.



Como casi todos los animales que ilustra, la oca Carlota existió realmente, al igual que sus ratones o su conejo Perico, al que sacaba a pasear cada día. 



Con la ayuda de su abogado, comprará numerosos acres de tierra, alrededor de Hill Top, para que se conservaran las granjas tradicionales. Años más tarde, se casará con este abogado, William Heelis y encontrará la plena felicidad.

Miro por la ventana y parece que la bruma está empujando al sol hacia lo más profundo del lago, pero yo me resisto a irme. Aquí, con la señora Beatrix frente a la chimenea, y rodeadas de todos sus animales, una se siente como en casa. Es el sitio ideal para pasar el tiempo de Adviento… Decidido, me quedo en la granja de Hill Top a esperar que llegue la Navidad, seguro que no podría estar en un sitio más acogedor.

 Beatrix fue una gran amante de la naturaleza. Cuando muere, legará todos sus terrenos y granjas al National Trust para que fuesen conservados.
Parece ser que no soy la única a la que le fascina esta ilustradora. He leído que J.K. Rowling apellidó Potter a su famoso Harry como homenaje a esta autora victoriana. 
Mi libro con su cubierta

 Las fotos las he hecho directamente del libro, un regalo de mi padre de hace unos años. Es precioso, para perderse en él durante días.

Tengo un sueño compartido con una amiga en el que, si nos toca la lotería, nos iremos a hacer un viaje literario por Inglaterra y Hill Top está en nuestro recorrido

¡Feliz Adviento!